Artículo publicado en la Revista Stellium nº21: "Aullido", Junio 2026
Una perspectiva desde la astrología psicológica sobre el cielo actual
Por Lucía Caprarulo
La evolución de la vida en la Tierra puede ser contada como un cuento, como una historia que empezó en un momento y se fue desarrollando. Así es como nos han enseñado a todos desde pequeños y, en general, también en nuestro aprendizaje del lenguaje sagrado astrológico. Este sistema de pensamiento y relato es real y válido, pero ¿podemos añadir una forma de procesar la información y entender la realidad y la astrología de una manera más plástica y diversa, menos rígida?
Mucho antes de Cristo, las distintas sociedades han observado el cielo como una forma de comprensión de la naturaleza y como un método de predicción y control de la vida. El misterio de la existencia ha sido respondido desde diversos ángulos. En términos astrológicos, los ciclos de la naturaleza y la cruz cardinal se han convertido en el circuito básico de comprensión sobre el transcurso de la vida material. Con esto último, me refiero al mismo ciclo del año astrológico: el inicio ariano, la amalgama de Cáncer, el rebalance vincular de Libra y la consumación de Capricornio. Acción-reacción, de dónde vengo y a dónde voy. Todo comienza, sienta sus bases, se equilibra mirándose al espejo y llega a su máxima forma, es decir, todo lo que empieza tiene un objetivo a donde llegar. Termina, cierra y vuelve a empezar; eternamente vuelve a suceder la misma secuencia.
En la cruz cardinal encontramos dos polarizaciones básicas y centrales para la sociedad humana en cuanto a lo femenino y lo masculino: Cáncer-Capricornio y Aries-Libra. Si pensamos en las funciones planetarias que componen la estructura básica de la consciencia humana, nos encontramos en la base de la pirámide caldea a la Luna y en el extremo superior a Saturno. Entre medio los planetas son todos masculinos excepto Venus, es decir, que las únicas dos funciones planetarias femeninas son la Luna y Venus frente a cinco masculinas. El cuento de nuestra historia fue el recorrido desde el matriarcado al patriarcado, de la tribu a la sociedad capitalista actual. Los seres humanos no hemos cambiado tanto como idealizamos. En un nivel, seguimos siendo los mismos primitivos tratando de sobrevivir, sólo que con otras ropas y lenguajes, pero con una construcción social que sigue basada en el miedo y la pertenencia. Repetimos patrones compulsivamente generación tras generación, buscamos a destiempo lo que ya fue y lo que nunca pudo ser.
Hoy existe una lucha entre lo femenino y lo masculino, como una polarización de atributos en una carrera de productividad insaciable contra una sensibilidad profunda que necesita ser considerada. ¿Será posible dejar la guerra a un lado? No pensar en polaridad enfrentada, sino en abanicos de posibilidades dentro de un espectro andrógino, donde femenino y masculino dejan de ser categorías y se disuelven en cualidades de lo mismo.
Mi intención en este artículo es abrir los conceptos base de la astrología psicológica a otras formas de pensar, menos binarias y más actuales, en consonancia con estos tiempos de inicio de ciclo (Saturno y Neptuno en Aries) y transpersonales en aire (Urano en Géminis y Plutón en Acuario).
Pensamos en punto, en línea, en círculo y en espiral. Creo que es el momento de ejercitar una existencia en red y salirnos de la pirámide.
El punto: un átomo, unidad más pequeña de materia, el hecho de existir de lo que sea que existe. En conceptos astrológicos es la energía del signo de Aries, pero también puede ser cualquier signo del zodíaco entendido como entidad separada del resto. Para el ser humano sería el mismo hecho de existir como un animal que sobrevive (no hay psiquismo). Es el tipo de pensamiento más primario de todos, como si un astrólogo fuera un niño que mira al cielo y ve lucecitas brillantes sin hacerse ninguna pregunta.
La línea: una sucesión de puntos, como la evolución del ser a lo largo de su historia. Un relato desde dónde hacia dónde, el propósito a conseguir en la vida, como si el destino fuera algo tangible y único. Un recorrido, cual línea de vida, que empieza y termina sin más. En este caso, la línea es el viaje de Aries a Capricornio, de nacer a construir un yo que ocupa un lugar en la sociedad.
La línea también puede ser lo que une dos puntos inicialmente diferentes, el vínculo primario entre dos existencias separadas que se conectan. Por ejemplo, los lazos familiares que encadenan a seres por linaje sanguíneo, más allá de lo emocional. En este segundo caso, la línea es el trazo entre Aries y Libra o entre Aries y Cáncer, en términos de existir en familia o acoplado a un otro. También la línea es el pensamiento del zodíaco como polaridades y/o cruces (modalidades).
El pensamiento lineal también es primario y de supervivencia, pero complejiza al punto dibujando un movimiento básico.
El círculo: la historia cerrada que inicia, se desarrolla y concluye, un cuento completo, ya sea heredado o propio. En este estadio hay memoria y mayor complejidad, emociones y conexiones lógicas. En términos psíquicos es el viaje del héroe durante el cual se introduce la idea de la transformación, una existencia con un componente espiritual. En lenguaje astrológico es el viaje de la energía que se va transformando en un continuum que va de Aries a Piscis, es entender el zodíaco como un ciclo.
La pirámide: va desde lo establecido hacia lo que abre camino a lo nuevo, desde la sustancia básica a la mente creativa. En este sentido podemos entenderla como una lanza 3D, como una nueva figura que ya no es plana, sino que se abre a la geometría espacial; un salto de pensamiento por el cual lo nuevo puede aparecer. Esta forma de ver la pirámide es más artística pero, en el plano social o en dos dimensiones, es la distancia entre Cáncer y Capricornio medida en pasos desde la familia de origen hacia ocupar un lugar en la sociedad. Células de lo mismo en forma de escalones ascendentes, decrecientes en tamaño y crecientes en complejidad. En lenguaje astrológico podemos entenderlo a través de la imagen de la pirámide caldea y la vida entendida en septenios como sucesiones de funciones planetarias que van madurando (2D) y, también, como lo que puede sostener el viaje hacia lo transpersonal (3D).
Hasta aquí podríamos decir que estamos dentro del marco de las astrologías tradicionales y del astrólogo como lector de un oráculo predictivo de determinación y consecuencias escritas. Un cuento armado dentro de patrones arquetípicos, respuestas humanas primarias y funciones planetarias benéficas o maléficas. Más allá de que existen casi tantas técnicas y corrientes astrológicas como astrólogos, todas están en alguna medida incluidas en esta lógica .
La espiral: una complejización del proceso de ascenso en la pirámide de modo circular o una sucesión de círculos que ascienden en forma piramidal inversa. Podría ser la culminación y la transmutación de todos los formatos de pensamiento que partieron desde el punto y ahora combinan círculos en espiral. Este sí es un pensamiento enteramente 3D, por el cual el zodíaco y la existencia son vistos como múltiples movimientos constantes de profundización que suceden al mismo tiempo. El destino, no como una línea o un cuento, sino como un despliegue energético atravesado por lo colectivo y vincular.
Históricamente, o en formato cuento, estas geometrías mentales muestran estadios del desarrollo psíquico y social. Podemos verlo en el despliegue de la psicología como ciencia en los últimos ciento cincuenta años: del estudio de los procesos mentales, la conducta y las emociones, pasando por el inconsciente y la estructura del aparato psíquico, hacia la entrada en la espiritualidad del psiquismo occidental que lleva a la psicología profunda. Un desarrollo del punto a la espiral también representado por el viaje del lenguaje astrológico desde las primeras visualizaciones del cielo hasta la astrología humanística. Dane Rudhyar fue el pionero de esta nueva astrología. Sus conceptos y sus conexiones con las teorías que iba desarrollando Carl Gustav Jung abrieron la puerta a otra forma de pensar el cielo en la Tierra. Aunque son dos de mis autores favoritos, también han pasado ya unos cuantos años de sus últimas publicaciones (el último libro de Rudhyar se publicó en 1985).
Cambió el milenio1, cambió el ritmo, y comenzó un movimiento hacia nuevas geometrías que desafían la lógica del pensamiento establecido. Ningún cambio es total, sino que hay emergentes de nuevas formas que conviven con todas las anteriores y, en este sentido, no hablo de personas distintas, sino de distintas complejidades o energías dentro de un mismo ser.
La red: es una nueva lógica que convive con todas las anteriores y no es (solamente) el paso siguiente en un proceso de desarrollo evolutivo. El concepto de red no es la historia del átomo, sino de la célula como unidad estructural de la vida. Hasta ahora el cuento era el de la evolución de la existencia, la supervivencia física, el mundo material y el comienzo de la apertura hacia lo colectivo entendido en términos espirituales. En la red no hay cuento, no hay un viaje, no hay un movimiento de avance, sino múltiples dimensiones que suceden todas al mismo tiempo. Una astrología que incluye lo transpersonal y lo holístico necesita conectarse con otras dimensiones que van más allá del 3D de la espiral, acordes a necesidades más sutiles y a la ruptura de jerarquías piramidales pre-establecidas. Así, es posible el reconocimiento de distintos grados de experiencia y tiempos, de complementariedades entre divergencias donde hay espacio para todas y no competencia, donde hay muchos relatos que son expresados y escuchados al mismo tiempo dentro y fuera de cada ser humano.
La geometría de la red es un desafío: implica tolerar múltiples existencias y discursos dentro de uno mismo. En términos astrológicos, implica el reconocimiento de toda mi carta natal, incluído el de la sombra como un eterno movimiento adentro-afuera. Nos vinculamos y nuestros vínculos se vinculan, el control es sólo una ilusión para creer que no estamos inmersos en un océano de conexiones que nos trascienden, tengamos o no consciencia de ellas. Por ejemplo, ¿cuánto nos afecta lo que no se dice, lo que queda en secreto, ya sea en el ámbito familiar o laboral? Las vidas de nuestros ancestros, y los que no son nuestros también, siguen sucediendo a la par de nuestra propia existencia, que no es propia, pero sí singular. Se trata de seguir reconociendo conexiones, de volver a unir con la luz de la consciencia lo que siempre estuvo unido pero fragmentado psíquica, emocional, espiritual o kármicamente.
Son tiempos de conectividad en los que todo pasa en simultáneo, por eso ya no podemos hablar sólo de lo femenino y lo masculino. No como conceptos de género, no como dos cualidades internas opuestas y complementarias. Es un momento de ir más allá de los conceptos junguianos de anima y animus, de polaridades astrológicas, incluso de la espiral. El concepto de divergencia nos da la posibilidad de abrir un abanico más amplio, un espectro de posibilidades, donde ya no hay baile entre lo femenino y lo masculino, sino una complejidad que sucede al mismo tiempo. Ya no hay definiciones establecidas, sino entrega a cualidades vibratorias que se expresan de manera diferente en cada espacio posible (material o no). Lo andrógino es lo abierto, lo no definido o, en todo caso, lo que se deja definir en cada momento y en cada vínculo. No hablo de definiciones de género ni de sexualidad, sino de la realidad de seres humanos más sensibles que necesitan expresarse de un modo que no encaja con los cuentos y fantasías que hemos contado hasta ahora, en los que al final hay más secretos que cosas dichas para que encaje el discurso egoico, para confirmarnos sólo por el miedo de existir en libertad.
Síntesis del cielo actual en consonancia con los conceptos desarrollados:
Saturno en Aries: el cómo se hacen las cosas, la forma de dar forma, la realidad y la estructura están en un estado semilla. Es un nuevo comienzo en el cual aún no hay ninguna forma clara ni establecida. Al mismo tiempo, los bordes que aún no existen se disuelven junto con los que ya existieron, brindando una capacidad de resonancia universal a través de su conjunción con Neptuno.
Neptuno en Aries: también un estado semilla de una energía mucho más lenta que de por sí no tiene forma; la resonancia universal empieza un nuevo ciclo. Tiene el apoyo estructural de Saturno, con quien comenzó el año astrológico en conjunción (stellium Sol-Neptuno-Saturno en los primeros grados de Aries).
Urano en Géminis: nuevas formas de pensar, nuevas ideas, conexiones creativas a nivel mental y nuevos puentes que se tienden entre pares.
Plutón en Acuario: ya cayeron las estructuras que estaban caducas, ahora es tiempo de que la creatividad se transforme y broten nuevas formas desde lo profundo de la vida.
Quirón en Tauro: el dolor en el cuerpo, el registro de la finitud de la materia que puede potenciar el movimiento del espíritu y la conectividad en red.
En el cielo actual, todo habla de la posibilidad de menos rigidez y más plasticidad, lo cual siempre convivirá con toda la historia de la humanidad que sigue sucediendo al mismo tiempo, pero que da la oportunidad a una energía de renovación, dinamización, cambio y nuevas geometrías de pensamiento, así como nuevas formas de existencia, o que emerjan las que siempre habían estado ahí y no tenían espacio. Considero (o es lo que quisiera, al menos) a este tiempo como un momento de ejercitar la tolerancia a la multiplicidad-multidimensión, a vivir en libertad y reconocer el miedo, mientras nos hacemos cargo de la propia existencia. Un reformateo de nuestra matrix que convivirá con todos los formatos anteriores sin creerse ninguno como verdadero, excepto al movimiento como vital y a la diversidad de ópticas simultáneas.
Lucía Caprarulo
Lucía Caprarulo es una profesional argentina, radicada en Barcelona, cuya trayectoria se destaca por la integración de la psicología, la astrología y el arte desde un enfoque holístico y profundo. Posee una base académica sólida y diversa, complementada con múltiples estudios en terapias alternativas. Su enfoque integra el psicoanálisis y la psicología profunda con la astrología, para fomentar que las personas se investiguen a sí mismas dentro de la trama vincular que habitan, promoviendo una apertura mental, emocional y espiritual. Actualmente ejerce como consultora astrológica y brinda cursos online de perfeccionamiento para astrólogos.